9.12.2014

El Retorno

Jack volaba en la MII-232, tomaba su taza de té y postraba sus labios ciegamente en la copa solo para quemarse lengua y paladar.

- ¡Maldita sea! Siempre me pasa lo mismo ¿Será que no estoy destinado a tomarme una taza de té en paz?

En los últimos 6 meses, de las 200 bebidas calientes que ha intentado ingerir, el diablo ha bailado en su boca en el 90% de los casos. Rabietas y decepciones, son cosas que le advirtieron al momento de tomar la misión y aventurarse a lo desconocido.
- Bueno, vamos a ver, ¿Qué me toca hoy? Sector 5, coordenada exacta y... Transmitiendo señal.

- 232 M.E.T código base 232-969.i3 María II, solicitando permiso de retorno.


1, 2, 3 segundos… Absolutamente nada. 

- Un día más que pasa y no he obtenido señal alguna. Dios mío pensé que estaba más cerca.

En la vastedad del universo cualquier distancia medida en el tiempo del hombre es sumamente extensa. Visto de lejos no pareciese ser de mucha importancia, pero desde esta cabeza de primate evolucionado el desespero y el deseo te complican la paciencia y van erosionando tu resistencia. Los años pasan lentamente y la lejanía no parece acortarse jamás.

- Dios mío pensé que estaba más cerca.

Sus ojos no brillan como antes. La resignación se está apoderando de su cuerpo y el peso sobre sus hombros no se hace más liviano, todo esto a pesar de tener su misión completada. Lo único que tiene que hacer Jack es volver.

- Estos son los momentos donde los hombres de verdad se mantienen.

Su mantra.

- Si me desmorono ahora... Dios me perdonará ¿Lo harás, Señor? Ya estoy muy cansado, no puedo continuar. Sé que estás aquí conmigo.

 ¿Lo estás? Dame una señal, Señor, no me dejes solo. ¡DAME UNA SEÑAL MALDITA SEA!


Nunca me ha gustado ver cómo los hombres fuertes lloran. Se suponía que Jack en 10 años estaría de vuelta ¿Dónde están todos?

- ¿He sido abandonado por ti, Señor?

Es gracioso ver cómo salen esas palabras de la boca de alguien que siempre se consideró arrojado al mundo. ¿Qué hace diferente esta situación? Los problemas de Jack aquí son los mismos que en la tierra, quedarse sin comida, no poder moverse libremente, sentir que la vida se le va. Solo el vacío le es desconocido y ha tenido mucho tiempo para cambiar eso.

Su vida es dura, cerró los ojos y cuando se dio cuenta ya habían pasado 3 semanas, ahora un año, ahora dos. Ya quiere despertar. Y es que el desespero de Jack no resulta ilógico. No todos los días un hombre se encuentra en una misión tripulada para 10 años y ver como al mes 121 la comida escasea, no encuentra a su gente y la poca esperanza que le quedaba ha sido destruida por un dios sin respuesta.

- Si me voy a ir, lo haré con un ¡BANG!

Es el combustible para una semana. ¿Qué más da? En el cielo no hay mecánicos ni médicos esperando que una ambulancia celestial pase entre las puertas doradas de San Pedro. Jack merece ir al cielo, lo merece de una buena vez.

- Vamos a ver si yo resisto más que la nave con tanto fuego.

La valentía corre por sus venas ¿Es alegría lo que siente? Hay momentos en que él se encuentra tan profundamente inmerso en sí, que no puedo descifrar sus pensamientos. La llama está encendida ya no hay vuelta atrás.

- Ya no quiero hacer esto.

Demasiado tarde, el fuego ya está consumiendo todo a su alrededor. Jack cierra los ojos y se deja llevar por el blanco de la llama que atraviesa sus párpados. No hay dolor, no hay sufrimiento. No siente nada. Solo los brazos que cruzan su espalda y se juntan con sus hombros. Esos brazos que no había sentido en al menos una década y esa hermosa voz que le dijo en medio de lágrimas:

- Han sido 10 largos años. Por un momento pensé que no ibas a despertar jamás.

Mirando hacia arriba, con la garganta maltratada por el respirador y recostado contra la cama de hospital que tantas noches le permitió postrar su cabeza en esa cómoda almohada para recuperar su cerebro, logró unir sus palabras en oraciones con una ronca y silenciosa voz.

- Te extrañé, María. Solo debía regresar. Y ya desperté.

2 comentarios:

  1. Qué bello despertar cuando la esperanza comienza a desvanecerse.

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    1. Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes. - Khalil Gibran

      Muchas gracias por tu comentario, Mercedes.
      Nos puedes seguir por Twitter en @capsulasblog

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