Jack volaba en la MII-232, tomaba su taza de té y postraba sus
labios ciegamente en la copa solo para quemarse lengua y paladar.
- ¡Maldita sea! Siempre me pasa lo mismo ¿Será que no
estoy destinado a tomarme una taza de té en paz?
En los últimos 6 meses, de las 200 bebidas calientes que ha
intentado ingerir, el diablo ha bailado en su boca en el 90% de los
casos. Rabietas y decepciones, son cosas que le advirtieron al
momento de tomar la misión y aventurarse a lo desconocido.