4.01.2014

De Aquel Crimen Pasional


-    Tiene una herida profunda en su brazo derecho. Dios mío, lo que es morir por amor.

-    Yo diría que lo mató la bala que tiene en el cerebro.

-    Bueno, eso también ayuda.

Desde que me dejó, le echo la culpa siempre a la infidelidad. Tal vez si no fuera por ella este caso ya estuviera resuelto.

Me nubla el pensamiento.

El hombre mide 170 centímetros, cabello oscuro, moreno y musculatura pronunciada. 

Los vecinos escucharon la pelea. Una mujer entra, escuchan gritos, cae la platería, un disparo y un sonido seco contra el piso los hace dudar por un segundo si todo pasó en su mente. Lo que los despierta del trance es el grito desesperado de la otra mujer, grito que es callado con una segunda combinación de hierro y chispa. Para cuando intentan reaccionar y acercarse al teléfono es demasiado tarde. El crimen está hecho y no hay nadie en la casa salvo los dos adúlteros que ahora están ya a las puertas de un juicio más allá de nuestra ley.