Desde el momento de nuestro nacimiento estamos en una constante lucha por
sobrevivir.
Nacer no es fácil.
Rompemos la gran barrera, no podemos respirar, los ojos nos duelen y la
garganta es desgarrada por nuestros gritos de libertad.
Es tan difícil la vida que nuestro sufrimiento es opacado por el de nuestra
madre, quien acaba de darnos a luz en el acto más desinteresado que un humano
hace por otro.
¡Qué difícil es vivir!
Desde chicos todo es complicado, nuevo, nada es constante. Conocemos
personas a esta edad que serán simplemente el grato recuerdo de nuestros
familiares y la vergonzosa historia nuestra.
No es sencillo recordar cada cara y olor de nuestro día anterior, ni mucho
menos el sabor de las comidas que te hicieron gemir de placer al pasar cada
bocado hacia tu estómago.
La mente es una cosa caprichosa.
Es por eso que amarte es tan hermoso.
El grito ahora viene del corazón, llenando cada fibra de mi cuerpo, haciendo
que mi alma se restaure y sane desde lo más profundo.
Qué bonito es nacer con los ojos bien abiertos. Tu luz calmando mis cansados
ojos y dándole reposo a mi mente desordenada.
Ojos que graban cada acontecimiento, sentidos que guardan cada sabor,
sonido, olor y sensación que produces. Es ahí donde el poder de la mente es más
grande. Tú nunca desapareces y cada momento pasado es el grato recuerdo que
perdurará hasta el final de mis días.
La mente es una cosa preciosa.
¡Qué sencillo es vivir a tu lado!
Tú me haces fácil la vida.