8.25.2014

Rey

Él no se lo esperó. Al pasarse el semáforo en rojo nunca imaginó que yo, una persona más que sufre las injusticias de la carretera, fuera capaz de hacer semejante cosa.

Conducir un automóvil te cambia, te transforma, te hace una persona diferente.
Estando frente al timón tu parte animal se apodera de ti y la evolución del cerebro retorna a su estado natural y se renueva desde dónde lo habíamos dejado hace ya tantos años.

Debes ser el primero, debes ser el más rápido, el más malo, el más vivo.
Una jungla de asfalto.

Creo que sólo estaba esperando la oportunidad. Y llegó. Hora pico, 12 del medio día, un "pequeño" atasco que significó una demora de 30 minutos para saborear la deliciosa comida que me esperaba en casa y apareciste tú. Te estuve esperando. El semáforo que cruzaste en rojo era todo lo que necesitaba, la justicia me llamaba.

Te alcancé en una esquina y te cerré la vía. Todos podrían ver como se impartía la justicia de la carretera. Saqué mi bate y con un swing más potente que el de Ruth conecté tu parabrisas. ¡Roletazo por tercera base hasta tu alma!