4.01.2014

De Aquel Crimen Pasional


-    Tiene una herida profunda en su brazo derecho. Dios mío, lo que es morir por amor.

-    Yo diría que lo mató la bala que tiene en el cerebro.

-    Bueno, eso también ayuda.

Desde que me dejó, le echo la culpa siempre a la infidelidad. Tal vez si no fuera por ella este caso ya estuviera resuelto.

Me nubla el pensamiento.

El hombre mide 170 centímetros, cabello oscuro, moreno y musculatura pronunciada. 

Los vecinos escucharon la pelea. Una mujer entra, escuchan gritos, cae la platería, un disparo y un sonido seco contra el piso los hace dudar por un segundo si todo pasó en su mente. Lo que los despierta del trance es el grito desesperado de la otra mujer, grito que es callado con una segunda combinación de hierro y chispa. Para cuando intentan reaccionar y acercarse al teléfono es demasiado tarde. El crimen está hecho y no hay nadie en la casa salvo los dos adúlteros que ahora están ya a las puertas de un juicio más allá de nuestra ley.

 -    Recojan la evidencia chicos, ya es tiempo de volver a la central.

60 km/hr es el límite de velocidad, llegaremos en 30 minutos, eso está claro. Vivimos en una ciudad donde es más fácil llegar en caballo que en carro. Bendito sea el progreso.

Crimen pasional, así le llaman. Furia incontrolable que envuelve tu cuerpo, la temperatura aumenta y tu rostro puede pasar de pálido a rojo más rápido que esa bicicleta hija de puta que ella me hizo comprar el mes pasado para probar la ruta ecológica a su trabajo. Ahí está llena de polvo en el garaje.

En el papel todo es muy bonito, todos creemos que al llegar a la estación resolveremos el crimen.
La esperanza es lo primero que se pierde en mi trabajo.

Ya han pasado dos meses. Durante dos meses a la fuga cometes un error, la vida de lujos no la puedes dejar, y el incontrolable impulso por usar la tarjeta de crédito que te regaló el ahora cadáver de tu esposo es lo que te delata. Tu posición, tu nombre, lo que compraste, el nombre de la cajera y el impuesto al 99% que no se puede evadir, queda consolidado en una fracción de segundo.

El esposo fue muy inteligente: "Si me matas te dejo esa piedra en el camino. Sé que eres lo suficientemente tonta y lo innegablemente dependiente a los regalos que no te detendrás a pensar en qué estás haciendo mientras pasas esa pequeña tarjeta por la banda". Yo al menos, eso pensaría.

Policía bueno, policía malo, nos gusta la televisión así que ¿Por qué no? Mi compañero sabe que ella lo hizo, yo lo sé, ella lo sabe, pero queremos que confíe en que se puede salir con la suya. Así bajará la guardia y la tendremos a nuestra merced. Amo esa palabra, Merced.

Entra mi compañero a ofrecerle un trato, un muchacho bonachón y de buen hablar, hasta yo me enamoraría de él; es el mejor para hacer de policía bueno. 

La muchacha sollozando no quiere ni mirarle a la cara, sabe que tiene que aceptar el trato que le ofrece, pero si algo sé de las mujeres es que no va a caer tan fácil, y si lo hace, lo hará boca arriba con los puños cerrados.

En el instante en que mi compañero sale de la habitación entro yo como una bestia, debo parecer un demonio a sus ojos, le digo que se va a podrir en la cárcel, que las otras presas la volverán su perra y que si Dios me ayuda haré que quede bien cocida en la silla eléctrica. Sus lágrimas son como un rio, y yo salgo riendo de la habitación, cierro la puerta y esperamos dos horas a que nos llame. Nos llamó en 15 minutos.

Al final la muchacha firma la confesión y viendo cómo son las cosas se ganará casa por cárcel, cárcel de 9 millones de dólares. Ella encontró a su esposo con otra e hizo lo que cualquier persona racional haría. Y ahora vive en una casa donde caben 100 apartamentos míos. No todos tenemos la misma suerte. Así como no todos soportan un desamor, ella es el vivo ejemplo. A algunos nos toca lo más duro, vivir solos, comer solos, sufrir solos un engaño, matar solos y llevarnos a la tumba el secreto de aquella noche donde tus manos son manchadas con su sangre y lo único que piensas es en cuanto la amas y porqué te hizo algo así. 

Pregunta que no te di la oportunidad de responderme Mercedes. Te amo.

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