- ¿Qué fue eso?
Sus manos se volvían frías a mi tacto, la sangre que desaparecía de sus venas convertían en inminente lo más temido. Ella fue lo primero que vi al abrir los ojos.
- Mejor no digas nada.
Era lo único que podía hacer, hablar y hablar, dejar que pasara el tiempo, no pensar en más nada...
- "Vámonos de viaje".
Mis palabras. Palabras de condena que ahora volvían a mi mente, haciendo que cada trago de saliva fuera más amargo que el anterior. Maldita memoria.